Sociología UCM obtiene cinco años de certificación

El proceso de certificación permitió observar y evaluar críticamente la labor de la Escuela y contó con la activa participación y aportes de estudiantes, académicos (as), egresados (as) y empleadores (as).

La carrera de Sociología de la Universidad Católica del Maule obtuvo recientemente una certificación de cinco años otorgada por la Fundación Qualitas, posicionándose en el nivel consolidado y destacando como un actor académico relevante en la región y en el país.

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La directora de la Dirección de Acreditación, de la Dirección General de Aseguramiento de la Calidad Institucional (DGACI), María Adela Valdés, destacó el trabajo del programa y la dirección en la obtención de este resultado. “Queremos destacar el trabajo colaborativo del Comité de Calidad, la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, estudiantes, académicos/as, titulados/as y equipos que hicieron posible este importante logro. Este resultado da cuenta del riguroso trabajo desarrollado, así como de los estándares de calidad y mejora continua de Sociología”, dijo.

Por su parte, la directora de Escuela de Sociología UCM, Claudia Jordana Contreras, calificó el resultado como un reconocimiento a la labor de la Escuela desarrollada desde hace más de diez años en cuanto a la formación de estudiantes y a la producción de conocimiento relevante para el país y para la región del Maule.

“Esta certificación reconoce el sello formativo propio de la carrera de sociología de la UCM caracterizado por una fuerte articulación entre docencia, investigación y vinculación con el medio, lo que se traduce en una formación situada, en diálogo con los problemas sociales del territorio y que incorpora a estudiantes en procesos concretos de investigación e intervención social. Además, nos posiciona como una carrera consolidada, como un actor académico relevante en la región y en el país, con un proyecto claro y comprometido con el desarrollo territorial”, dijo.

Sobre el proceso de certificación, la directora valoró la instancia que permitió evaluar críticamente la labor de la Escuela y contó con la activa participación y aportes de estudiantes, académicos (as), egresados (as) y empleadores (as). “Gracias a este proceso llevamos a cabo un análisis de nuestras principales fortalezas, como la integralidad de nuestras prácticas de enseñanza y aprendizaje o los vínculos activos que mantenemos con la comunidad, y también reconocimos cuáles son nuestras principales debilidades o desafíos para mejorar nuestros procesos formativos”, detalló.